Enmoquetar la oficina está de moda. La necesidad de crear espacios de trabajo que sean modernos, cálidos y sostenibles ha incrementado el atractivo de este revestimiento para las empresas. Decantarse por moquetas de fibras vegetales y ecológicas permite, además, subrayar el compromiso ‘verde’ de la organización y mejorar su imagen ante sus clientes, empleados y socios comerciales.
El interés por las moquetas para oficina crece año tras año gracias a sus posibilidades estéticas y prestaciones técnicas (aislamiento acústico, fácil mantenimiento, modularidad, etcétera). Esta superficie textil se emplea sobre todo para zonificar áreas específicas, como las salas de juntas y reuniones, los espacios de coworking o las zonas de descanso.
Al considerar la instalación de moquetas en Madrid, deben estudiarse los pros y contras de esta solución tan demandada en el mundo del diseño y la decoración corporativa.
Por qué la instalación de moquetas en oficinas es tan recomendable
Reducen el estrés ambiental
6 de cada 10 trabajadores sufre estrés en su puesto de trabajo con regularidad, según un estudio de Randstad. No todos los factores causantes de esta tensión mental guardan relación con la sobrecarga de tareas o la mala relación con los compañeros. A menudo su raíz se encuentra en variables del entorno, como una iluminación pobre, la temperatura inadecuada o el exceso de ruido.
Decantarse por suelos de moqueta para oficinas puede aliviar el estrés ambiental. Aunque pueda sorprender, su capacidad para amortiguar los pasos o reducir la fatiga al transitar por los pasillos marcan la diferencia a largo plazo.
Aumentan el confort térmico
Otro beneficio de las oficinas con moqueta es su facilidad para garantizar el confort o bienestar térmico de los empleados. Este revestimiento textil, debido a su baja conductividad térmica, ayuda a regular la temperatura corporal, al prevenir la pérdida de calor por los pies que están en contacto permanente con el pavimento. Esto no ocurre con el hormigón, el suelo laminado o el mármol, que por ser excelentes conductores del calor, dificultan la gestión de la temperatura en espacios de trabajo.
Se instalan de forma rápida y sin interrupciones
Por lo general, la instalación de una moqueta no requiere obras mayores, solo la limpieza de la superficie en contacto con ella y su nivelación con una pasta específica en caso de presentar irregularidades. El desperdicio de materiales es mínimo, y tampoco obliga a interrumpir la actividad en la oficina.
Con el formato modular o en losetas, además, su implementación garantiza el acceso futuro al cableado. De este modo, las modificaciones futuras no implican levantar toda la moqueta, sino únicamente las secciones donde se ubique la instalación eléctrica.
Asimismo, este producto está disponible en multitud de diseños, materiales y acabados, como descubrirás al revisar los principales tipos de moquetas que existen en el mercado.
Aseguran un mantenimiento fácil y selectivo
Los derrames accidentales, las roturas por el tránsito de personas o los daños por el arrastre del mobiliario afectan a la estética y la funcionalidad de la moqueta con el paso del tiempo. Pero esto no significa que deba reemplazarse íntegramente.
Gracias a la modularidad de este suelo para oficinas, basta con sustituir la loseta o grupo de losetas dañadas para devolver a toda la superficie su esplendor original. Esto supone un cuantioso ahorro de gastos en reparaciones a medio y largo plazo.
Mejoran la seguridad laboral
¿Sabías que el uso de moquetas contribuye a disminuir las bajas por accidente laboral? Los resbalones y caídas al mismo nivel están a la orden del día en cualquier puesto de trabajo (de hecho, representan el 30% de los accidentes en entornos administrativos).
Las cualidades antideslizantes y ergonómicas de este tipo de suelo para oficinas reducen el riesgo de resbalón, así como las consecuencias de un impacto por caída.
Porque el revestimiento perfecto no existe, cabe señalar que las moquetas presentan una serie de desventajas. El desgaste prematuro en zonas de tránsito es una de ellas. Ciertas fibras propician la acumulación de alérgenos, perjudiciales para la calidad del aire en espacios cerrados. Aunque los modelos de poliamida y otras fibras sintéticas facilitan la higiene y el mantenimiento diario, continúan siendo una opción menos recomendable que el suelo vinílico, por citar un ejemplo.
